Lescano era vecina de la manzana 12 de la Villa 31, donde vivía con sus tres hijos. Por su edad y su artrosis, la mujer tenía movilidad reducida.

Una vela encendió una frazada y provocó el incendio de la casa que no pudo ser apagado a tiempo porque 17 de los 20 extinguidores otorgados por el Gobierno de la Ciudad a las familias relocalizadas no funcionaban.

“Mil veces llamamos a la empresa que nos ofrece parches cuando debería brindarnos una solución real, como también lo hacen la UGIS y la Secretaría de Integración Social y Urbana”, denunció el colectivo villero La Poderosa, y lamentó: “Los propios vecinos sofocamos las llamas voraces que consumían la precaria vivienda, con arena de construcciones aledañas y agua de pozo, pero no alcanzó, porque Rufalda falleció abandonada dentro de su hogar”.

Los propios vecionos terminaron apagando el incendio con arena de construcciones aledañas y agua de pozo, pero no alcanzó, porque la mujer ya había muerto.

La sucesión fallas y destratos ponen en evidencia el desamparo al que son sometidos los ciudadanos que viven en villas. Los que más atención del Estado necesitan y los que más abandonados están.