La última creyó que un paquete que dejaron dos artistas chilenos en un alojamiento cordobés era realmente una bomba. Y se metió en el tema, que ya estaba a cargo un juez, con gran despliegue noticioso, detonación del paquete, sospechas de terrorismo, detención y liberación de los artistas, que habían ido al Congreso de la Lengua y se fueron sin pagar el hotel. Sobreactuación y papelón.

También Bullrich fue a Salta para poner en marcha un sistema anti contrabando. Se hizo ver en la frontera con el jefe de la Gendarmería y con el gobernador y los bagayeros le tiraron piedras. Antes de todo esto fue el operativo de la Federal contra una banda de policías de la Bonaerense en Avellaneda.

Tal vez ella pensó que no ocurriría el gravísimo tiroteo que ocurrió y no le avisó a Ritondo, que se enteró cuando compartía mesa con Macri y con Vidal en el retiro de Chapadmalal.

Ritondo recibió un whatsapp del jefe de la Bonaerense a las 21.58 del viernes, una hora más tarde de que unos 20 efectivos de Narcotráfico Urbano de la Federal emboscaran a cuatro policías de la DDI de Avellaneda cuando cobraban $170.000 de un dominicano supuestamente involucrado en el negocio de las drogas.

Ese viernes, la pareja del dominicano se había presentado a una fiscal para denunciar que un grupo que dijo ser de la Policía la había mantenido unas horas secuestrada. Que le sacaron $ 30.000 y el permiso que Migraciones le había otorgado a su pareja y que le exigieron otros $170.000 para devolvérselo esa noche, en una estación de servicio. Lo que en la jerga policial se llama picar el boleto: sacarles plata a los narcos.

La fiscal avisó a la Federal en vez de avisar a Asuntos Internos de la Bonaerense. No quiso mandar a la Bonaerense porque sabía que los extorsionadores eran de la Bonaerense.

El operativo terminó del peor modo: a los balazos. En su huida enloquecida, el comisario Hernán Martín, uno de los segundos de la DDI, intentó atropellar con su auto a dos de los federales, con los que se trenzó a tiros. Hirió a un sargento y de gravedad a un cabo. Terminó muerto de ocho balazos. El capitán de la Bonaerense que recibió la plata de la extorsión no enloqueció: Eduardo Franicevich se tiró al piso y se entregó.

Martín había sido ascendido a comisario hace dos meses. Lo consideraron apto para ser oficial jefe. Sólo fue observada la declaración jurada. Inconsistencias que en la Policía dicen iban a ser investigadas. La misma Bonaerense detuvo a otros cuatro de la DDI, todos policías que tienen por misión combatir la droga. 

Tiene 94.000 efectivos, casi tanto como todas las fuerzas federales y la Policía de la Ciudad juntas. Ha puesto la Dirección de Asuntos Internos bajo dependencia de Ritondo y cargos clave en manos de civiles. Abundan los policías investigados y echados: 30 mil sumarios y unos 13 mil separados. Y abundan los cortocircuitos o la falta de circuitos con Bullrich. Pero lo cierto es que la Bonaerense aparece otra vez en su versión maldita.

Fuente: Clarín