Lejos de las promesas de campaña de 2015, cuando le decía a los argentinos que iban a vivir mejor, Mauricio Macri movilizó a dos de sus figuras claves, Juliana Awada y a Margrita Barrientos, a Santiago del Estero para inaugurar un comedor comunitario. De la lluvia de inversiones, a la falta de trabajo y el alimento en comedores.

"Es un orgullo la visita de Macri para inaugurar un comedor en mi ciudad natal", dijo hoy casi en cadena nacional, Margarita Barrientos sobre el arribo del Presidente a Santiago del Estero, más precisamente a la localidad de Añatuya.

La frase de una de las dos figuras que Mauricio Macri movilizó hasta allí deja traslucir lo desgastado del discurso cambistas que, en menos de dos años, pasó de prometer una vida mejor y una lluvia de inversiones, a inaugurar en plena campaña un comedor para que la gente sin trabajo se acerque a comer.

Es insoslayable el contraste de 2015 en el que se presentaba una Argentina próspera, con esta campaña pragmática de 2017 en la que se presenta un comedor, símbolo de la pobreza, como un hecho de gestión a destacar.

Además de Barrientes, Juliana Awada se acercó a Santiago del Estero. El tandem Awada Barrientos, en ocasiones apuntalado por las apariciones de Antonia, es el favorito del PRO para humanizar la imagen de un presidente empresarial más vinculado a la frialdad de la toma de decisiones sin pensar en el rol social que al calor popular.

La tercera dama del juego macrista que aparece en escena es Carolina Stanley. La ministra de Desarrollo Social se encargó de financiar el emprendimiento de Barrientos y suele llevar en sus recorridas a Awada, en una especie de fogueo social al que someten a la esposa del Presidente.