El Manual de Timbreo de Cambiemos se asemeja a un decálogo para que los funcionarios parezcan amigos de los vecinos, preocupados por sus problemas. No se habla de cómo indagar ni de cómo relevar los conflictos que aquejan a cada zona, ni de informarse. Algo más cercano al marketing que a la política real.

Es más, el título mismo del manual nos dice qué le importa a Cambiemos: las fotos. "Buenas prácticas de fotografía en timbreos".

En todo el manual se habla únicamente de cómo sacarse selfies. Que no se vea nada partidario, ninguna señal que nos pueda decir que el vecino se ve forzado a conversar con alguien que tiene poder y puede influir de manera positiva o negativa en su futuro y su realidad cotidiana. Menos aún que lo hace a disgusto. Hacer política negando la responsabilidad política, como si se tratara de un entretenimiento.

Erich Fromm sostenía hace medio siglo que el Estado estaba interesado en crear individuos deprimidos porque gobernar a ciudadanos mustios sería más fácil a efectos de su manipulación. Al ciudadano decaído se lo suponía menos dispuesto a protestar, pero ¿qué decir de aquellos otros que se sientan divertidos y alegres? ¿No protestarían todavía menos? El desiderátum del capitalismo de ficción que propone Cambiemos es entretenernos. Así somos buenos clientes y buenos ciudadanos, casi tan manipulables como los chicos. ¿Qué es importante para los niños? La alegría. ¿Cual es el slogan de Cambiemos? La revolución de la alegría.

Qué viva la parodia. Mirá de qué trata el manual: