Por Andrés Fidanza

La autoridad presidencial está en crisis. Los gritos de Mauricio Macri durante la apertura de sesiones fueron la contracara calculada de una situación de fragilidad e incertidumbre. En ese contexto, la ruptura de Cambiemos en Córdoba evidencia las fricciones y dificultades que existen en la alianza de gobierno. En esa provincia, donde Macri alcanzó el 72% en el balotaje de 2015, el oficialismo no logró ordenar su espacio.

Finalmente, el candidato a gobernador del macrismo será el diputado radical Mario Negri. Y el intendente de la capital cordobesa, Mario Negri, irá por afuera con la boleta histórica de la UCR. En la reunión de la mesa nacional de Cambiemos de hoy se formalizó la ruptura. Así, Juan Schiaretti terminó de garantizarse un camino asfaltado hacia la reelección.

El macrismo no pudo procesar las diferencias entre los dos liderazgos radicales que había en pugna: uno territorial (el de “Ramoncito” Mestre) y otro superestructural, avalado por la Casa Rosada (el del Negri). Tras fracasar en su lance de imponer a Negri, se potenciaron las internas que desembocaron en ruptura.

Mientras Macri, el peñismo y hasta Elisa Carrió apoyaron en un inicio la postulación del diputado Mario Negri para la gobernación, una minoría de la tribu política avaló el liderazgo territorial del radical Mestre, intendente de la capital cordobesa.

La depresión macrista es económica y política a la vez. Los radicales se animan a desafiar la hoja de ruta oficial, a caballo de la posible candidatura de Martín Lousteau en una PASO. Si bien la UCR no cuenta con plan B a su sociedad con el macrismo (básicamente porque no tiene a dónde ir), los radicales ya se plantan frente a la Casa Rosada. La crisis política y económica le habilitó un juego más autónomo a cada dirigente. El pragmatismo se consolidó como un lenguaje común dentro de la alianza de gobierno.

Pese a la toma de partido de la Rosada por la candidatura de Negri, Mestre no aceptó correrse de la carrera. Su argumento era (y todavía es) que las encuestas previas no marcaban una diferencia decisiva en favor de la fórmula Negri-Héctor Baldassi.

Pero al margen de los sondeos de imagen e intención de voto, Mestre ya ocupó una banca como senador, y es intendente desde 2011. O sea, el macrismo no cuenta con promesas demasiado tentadoras para ofrecerle, a cambio de su declinación. El marco general tampoco ayuda a que se imponga la voz oficial.

En paralelo, el team político del gobierno alterna entre la resignación y el exilio. Tanto Emilio Monzó como Nicolás Massot ya anticiparon su inminente salida de los primeros planos de Cambiemos, en disidencia con la estrategia general de Peña y Jaime Durán Barba.

Tales malestares son en parte habilitados por el pulso callejero nacional, donde crecen las protestas y hasta los reproches desesperados para que “hagan algo”.

La vuelta al método de los timbreos todavía no tiene fecha. La última recorrida nacional de la cúpula de Cambiemos ocurrió hace siete meses, cuando Macri y María Eugenia Vidal visitaron Luján. Si bien el oficialismo analizó la posibilidad de retomar los timbreos en febrero o principios de marzo, finalmente optó por pasarlo para más adelante. Y al momentos no hay perspectivas claras de una fecha precisa.

Frente a la ruptura cordobesa, el presidente se entrega a su buena estrella histórica y a la fe budista de que si sucede conviene. Eso, más polarizar a full contra Cristina Kirchner y machacar con la promesa sacrificial de que hay luz al final del túnel.