Pero esta reunión tuvo un condimento especial porque reunía en un mismo ámbito a Emilio Monzó, Presidente de la Cámara y al Ministro Aranguren, protagonistas de una interna poco divulgada en el mundillo de Cambiemos.

En efecto, ya suenan cada vez mas fuerte los rumores del descontento de Monzó con los errores de gestión de los que llama despectivamente “Ministros técnicos”, es decir, funcionarios que no tienen lectura política y cuyas decisiones ponen en jaque la construcción política de Cambiemos.

Para Monzó el tarifazo ha sido un fuerte dolor de cabeza, y le generó su primer gran derrota al concretarse la unidad de toda la oposición en una convocatoria exitosa a la sesión especial. Hasta el momento, Monzó había logrado con la ayuda de Massa y Bossio el apoyo a los principales proyectos del Ejecutivo en Diputados. Sin embargo, Aranguren le pateo el tablero.

Estos errores generaron una fuerte discusión entre Monzó y Marcos Peña, quien sigue estando entre quienes sostienen a Aranguren.

La discusión fue tan tensa que hombres muy cercanos a Monzó comenzaron a evaluar nuevos rumbos, y mirando hacia el peronismo deslizaron un acercamiento a Randazzo, viejo jefe político de Monzó.

La historia del actual Presidente de la Cámara de Diputados no es ajena a los traspasos políticos. Desde al UCeDe al menemismo, luego al sciolismo y actualmente armador de Cambiemos. Por esto, muchos de los que conocen su ambición saben que ya está tendiendo puentes con sus viejos compañeros en caso que el barco de Cambiemos naufrague entre el ajuste, los errores y la falta de política.

Otro de los problemas con Peña es la pelea por la Provincia de Buenos Aires. Monzó busca seguir siendo el operador principal en territorio bonaerense y la tensión con Vidal va en aumento. Monzó busca instalarse como un actor de peso en la Provincia de Buenos Aires, y quizá sueña hasta ser sucesor de Vidal, pero sabe que para ello necesita visibilidad, mayor nivel de conocimiento entre los bonaerenses y sobre todo necesita muchos recursos.

Por este motivo, muchos especulan que en el círculo del Presidente se está evaluando en que sea el reemplazo de Aranguren.

De esto modo, se daría un primer paso en la búsqueda de una salida política al conflicto generado por las tarifas.  Por su parte, Monzó lograría visibilidad a nivel nacional y al mismo tiempo contaría con los recursos  y la capacidad de negociación política con los intendentes bonaerenses que habilitan conducir un Ministerio.

Por último, esta jugada permite entender porque Monzó luego de haberse acordado durante la sesión especial la visita de Aranguren a Diputados, habilitó que durante dos horas más los diputados de la oposición se luzcan fustigando la política del Ministro Aranguren.

Probablemente fue un gesto de su poder de fuego al Jefe de Gabinete, quien hasta hoy mantiene en el freezer sus ambiciones.

El Caso Cano, y el modo en que el PRO trata a sus aliados

El camino de Monzó corre un riesgo permanente, que es el mismo que acecha a todos los aliados del PRO.

El tucumano Cano a cargo del Plan Belgrano es el mejor ejemplo.

De la promesa de inversiones y un lugar de trascendencia en el manejo de la obra pública en el norte del país, Cano termino obteniendo solamente una oficina y cuatro contratos para contener a su gente en el Ministerio que conduce Frigerio.

El mundillo PRO tiene una lógica de tratamiento muy particular con sus aliados. Los que insisten en sus proyectos personales buscando su instalación, les otorgan un cargo de supuesto renombre y exposición, pero en los hechos no terminan manejando nada. De este modo, en una movida que supone crecimiento lo que en verdad promueve es el aislamiento político del aliado.